Exposición Versus

 

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Versus, four perspectives of San Fermin bull-fighting festival, group exhibition made up of the works of Maite Hernández Mateo, Clemente Bernad, Daniel Ochoa de Olza and Cristina Núñez Baquedano.
Facing each other, in the heart of the city, these are four perspectives of an international festival about which not everything has been said, as the four authors well illustrate. Four proposals, each one adopting the word that represents them: return, noise, liturgy and DNA.

I have always said I am the antithesis of a San Fermin photographer, which doesn’t mean that I don’t think the festival is an interesting scenario, which for me represents innumerable dichotomies. One of these being my sense of claustrophobia, the dimensional aspect of the spaces where San Fermin is played out due to the crowds, the multitudes, giving the festival a very particular spatial perception. I am interested in documenting these spaces without the direct presence of the protagonists, a moment when I feel liberated from this phobia and where I perceive its presence from the impact left behind. For me this festival is life, and death. The whole explosion of moments that fill the 24 hours over nine days are the representation of life, but the festival dies. On 15 July the city is deserted, shiny and pristine.
Four years ago, in my need to escape, I coincidentally noticed engravings on the fence along Santo Domingo which, together with the entrance to the bullring, is the only part of the fencing that stays intact throughout the festival. Imagining who the authors were, in what circumstance they would have written this or that drew all my attention to the fencing which represents the root of this festival: the running of the bulls, a route that takes us through the heart of the city and explodes on arrival at the bullring. The need since prehistoric times for human beings to leave their mark fascinates me. And in Pamplona we have it in front of us. The fencing encapsulates thousands of stories and preserves the DNA of everyone who has touched it.

Cristina Núñez Baquedano/ DNA


Versus, cuatro miradas frente los sanfermines, exposición colectiva integrada por los trabajos de Maite Hernández Mateo, Clemente Bernad, Daniel Ochoa de Olza y Cristina Núñez Baquedano.
En el corazón de la ciudad se confrontan estas cuatro visiones de una fiesta internacional sobre la que no se ha contado todo, como bien muestran sus cuatro autores. Cuatro propuestas que adoptan cada una la palabra que las representa: regresar, ruido, liturgia y ADN.

Siempre he dicho que soy la antítesis de la fotógrafa sanferminera, lo que no significa que la fiesta no me resulte un escenario interesante que en mi caso representa innumerables dicotomías. Siempre he sentido claustrofobia al realizar mi trabajo. Todos somos conscientes de cómo se dimensiona el tamaño de los espacios en los que se desarrollan los Sanfermines debido a la masificación y ello ha dibujado una percepción espacial de la fiesta muy particular. Me interesa documentar esos espacios sin la presencia directa de sus protagonistas, momento en el que me siento liberada de esa fobia y en el que percibo su presencia a través de la impronta que han dejado. Para mí esta fiesta es vida, y es muerte. Toda esa explosión de momentos que llenan las 24 horas de nueve días son la representación de la vida, pero la fiesta muere, llega el 15 de julio y la ciudad se presenta desierta y luce impoluta.
Hace 4 años, en mi necesidad de huida, casualmente me fijé en los escritos que había en el vallado del tramo de Santo Domingo, que con el de la entrada en la plaza son los únicos que permanecen montados durante todas las fiestas. Imaginar quienes serían los artífices, en qué circunstancia habrían escrito esto o lo otro ha hecho que deposite toda mi atención en el vallado que representa la raíz de esta fiesta: el encierro, una entrada que nos pasea a lo largo del corazón de una ciudad que explota hasta llegar a la plaza. La necesidad del ser humano desde la prehistoria de dejar su huella me fascina. Y en Pamplona la tenemos delante. El vallado encapsula miles de historias y conserva el ADN de todos los que lo han tocado.

Cristina Núñez Baquedano/ ADN